Pepe, el carnicero, y Vanessa, la community manager

Pepe, el carnicero, y Vanessa, la community managerEsta es la historia de Pepe, el carnicero con cierto dominio de Twitter al que conocimos vendiendo rubia gallega y comentando recetas de costilla en adobe en Instagram, un adelantado a su tiempo; y de Vanessa, community manager por convicción, convencida después de tres o cuatro trabajos en un año y dos o tres cursos a distancia, lo suficiente para ser experta en pastoreo de comunidades humanas.

No puedo asegurar que la conversación que vas a leer a continuación sucediera así, con estas palabras. Pero apostaría las dos manos a que diálogos similares se repiten a diario en el ancho mundo entre carniceros y pastores. Solo espero que todas acaben igual que esta.

—Buenos días, ¿es usted Pepe?

—El mismo, ¿qué desea?

—Mi nombre es Vanessa, y soy community manager profesional. Le llamo porque he estado observando su perfiles online y creo que mis servicios podrían resultar de utilidad para Ud. —todo esto así lo recitó la community, de carrerilla, sin levantar la cabeza del guión.

—¿Cómo? Perdoneeeee… ¿Que es Ud. de qué comunidad? ¿Y dónde dice que me ha visto de perfil?

A Vanessa le han colado un curso de pastoreo que, en el mejor de los casos, sirve para pasear su propio rebaño por el pasto sin que el lobo le arruine el negocio, pero que, en la mayoría de casos, no sirve para pasear con rebaños ajenos y mucho menos decenas de rebajos. Y conste que hablamos de pasear rebaños, si además queremos que los animales coman… bueno, esto es harina de otros cursos.

—Nooo, que digooo, que mire… que yo podría llevar sus perfiles de Twitter, Instagram y Facebook de forma externa para que usted solo se preocupara de su carnicería —retomando el guión.

—Pero si yo ya me ocupo y preocupo de mi carnicería. De hecho ahora mismo estaba preparando unas croquetas y me está usted interrumpiendo —Pepe se va calentando, no es el primer experto atraído por followers que llama.

—Si por eso se lo digo. Usted podría dedicarse a sus croquetas y no tendría que perder el tiempo en Twitter, eso se lo haría yo. Y podría aumentar sus ventas sin darse cuenta y sin trabajo adicional.

—Ahh… Muy bien. ¿Y sabe usted cómo se preparan unas croquetas?

—Pues no. Pero ese sería su trabaj…

—Pii-pii-pii-pii —onomatopeya del teléfono de Pepe, que ha colgado por no blasfemar.

Mientras desmenuzaba el pollo y lo mezclaba con la salsa bechamel, Pepe pensaba en lo difícil que se había puesto todo. Cuando él era joven no estaba bien visto aprender un oficio, era lo opción de los perdedores frente a los universitarios que acabarían en una multinacional con un sueldazo fijo. Pero a Pepe, que tuvo la suerte de nacer entre costillares y jamones, le gustaba la carnicería, y siempre lo tuvo claro.

Luego vino la época de las dudas, aquella en la que los cerdos votaban a favor de la matanza. Un tiempo en el que empezamos a vislumbrar la inseguridad del sueldazo fijo, incluso la infelicidad de la multinacional. Creamos «oficios» acordes a nuestra categoría, comiunitis y ceos, seos y estrateyist… pero nos olvidamos de hacer croquetas.

—Señorita Vanessa, le agradezco que vuelva a llamar, pero siento decirle que no se cortó la comunicación, fui yo el que colgó el teléfono. Sepa usted que aparte de hacer croquetas sé diferenciar entre alguien que me está vendiendo anhídrido carbónico, como usted, y alguien que realmente aporta valor a mi negocio, como mi proveedor de pimentón, o incluso mi proveedor de hosting.

—Perdone usted, pero externalizar la gestión de redes sociales no es vender humo, se trata de un servicio de gran valor añadido para las pymes —Vanessa por fin levanta la vista del folio y mira confundida al horizonte marcado por un monitor tft con un fondo playero. La verdad, la blanca arena caribeña se ve bastante negra en este momento.

—Cierto, valor añadido. Añadido a mis croquetas.

Y es que en el momento en que le damos la vuelta al prisma estamos desvirtuando la realidad. Un servicio de valor añadido es solo eso, añadido. Las pymes debemos conocer y trasladar nuestro verdadero valor, y no lo estamos haciendo. Debemos mirar al núcleo, nos estamos perdiendo en el engaño de Google, añadiendo atributos superfluos, comunicando en exceso en vez de ayudar a la gente a resolver sus verdaderas necesidades.

—Señorita Vanessa, lo que usted hace es muy necesario, pero ya lo hacía mi abuelo cuando vendía cerdos en las ferias. Es simplemente vender. Es simplemente comunicar. Él utilizaba un megáfono, y yo utilizo Twitter. Mi padre me enseñó a ayudar a los clientes detectando sus necesidades. Si mi abuelo hubiera dejado el megáfono en manos de otro, créame, yo no estaría aquí.

Imagen: Loungerie.

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  1. Bitacoras.com - 26/06/2014

    Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Esta es la historia de Pepe, un carnicero enamorado de Twitter al que conocimos vendiendo rubia gallega por Instagram; y Vanessa, una community manager ‘made in’ cursos a distancia convencida de que su vocación de pastoreo h.…

  2. Social Media para Carniceros - 27/06/2014

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