A quién importa la violencia de género

En lo que va de año han muerto —asesinadas— a manos de sus parejas 55 mujeres. ¿Pero a quién le importa esto? Si en este blog solo hablamos de marketing y estrategia, a quién le importan las 59 mujeres asesinadas el año pasado, 57 en 2013, otras tantas en 2012… Por aquel entonces la opinión pública no estaba tan sensibilizada como ahora. Sin embargo, los números son tan fríos como esos puntos suspensivos.

A quién le importa la violencia de género

Estoy preparado para las hostias que recibiré por el título y el tema, incluso por el contenido y el desarrollo. Puedes añadir el calificativo que más convenga a tu maltrecha integridad emocional. Desde pretencioso a insensible, pasando por un imprudente y/o, faltaría más, insultos varios. Pero si todo ello sirve para agitar la anquilosada e impresionable neurona que habita atrincherada al fondo de tu masa cerebral, temerosa, maltratada y obnubilada ante los miles de impactos publicitarios recibidos a diario; si sirve para provocar ese despertar, bienvenida sea la empanada de —merecidos— agravios.

Marketing y estrategia señores. La violencia de género está siendo utilizada estratégicamente para lograr un objetivo político. No es casualidad que nunca haya interesado más que ahora. No voy a decir, entre otras cosas porque es incierto, que a la «clase» política no le importen las víctimas de la violencia de género. Lo que digo es que lo están utilizando a su favor. Sin ir más lejos, en el histórico debate a 4 —a 3,5 diría yo— del pasado lunes, las propuestas, por llamarlo de alguna manera, para erradicar la violencia de género ocuparon uno de los «escogidos» bloques del programa más visto del año (más de 9,2 millones de espectadores, casi la mitad del share).

Simple estrategia política, o estrategia empresarial, puedes llamarlo como quieras y patalear todo lo que tu cuerpo aguante. Pero solo es eso, el resultado de un simple cálculo estratégico.

Parece que te estoy viendo, ahora pides justificación. No la pedías cuanto te bombardeaban a diario con sucesos cuyo único efecto era alentar al potencial maltratador, sensibilizar al que nunca cometería un crimen o alienar al votante/televidente. Pero ahora sí, ahora me exiges una explicación. Pues bien, aquí la tienes.

Tan solo durante los pasados meses de julio y agosto fallecieron en las carreteras españolas 225 personas. Es necesario recordar que la DGT solo considera víctimas mortales las que fallecen en los 30 días siguientes al accidente, muchos fallecen después, otros padecen secuelas físicas y psíquicas de por vida, y no solo ellos, sino también sus familiares y amigos. Según la DGT, en 2014 se registraron 91.570 accidentes con víctimas, en los que fallecieron 1.688 personas. Y así año tras año, pero esto, al parecer, no es estratégicamente interesante.

No trato de comparar víctimas, ni siquiera cifras. Alguno podría decir que una sola víctima es suficiente para destrozar la vida de muchos. Y es cierto, bien que lo sé. Lo que pretendo es demostrar que nos están utilizando, que están utilizando las víctimas de la violencia de género con fines de dudosa ética. Que los datos, las noticias, las medidas tan solo forman parte de un plan, de «otro plan».

Es duro reducir una muerte en un banal blog de marketing a una simple estrategia empresarial, pero no soy yo el estratega, no soy yo el manipulado. Eres tú el que lo estás consumiendo. Eres tú el que se tragó el sapo.

Sigamos.

«La cifra de suicidios crece en España por tercer año consecutivo», decía El Mundo a comienzos de año. «Un total de 3.870 personas se quitó la vida en 2013, un 22% más que los 3.158 que lo hicieron en 2010. Es la primera causa de defunción no natural en España, bastante por delante de los accidentes de tráfico: por cada muerto en carretera hay dos suicidas». Sin embargo, el lunes pasado, nuestros políticos decidieron olvidarse de este bloque. Me encantaría saber qué piensan sobre esto mi admirada Ana Pastor (@_anapastor_) y Vicente Vallés (@VicenteVallesTV), conductores del susodicho programa.

Estrategia, también, la del ínclito Mariano, el Señor de Doñana, el que para muchos fue el gran perdedor de la noche. Personalmente, mira tú, como creo que tontos solo quedan los que se ven y resguardan de la perjudicial luz de los focos a los listos, pienso que la huída obtuvo sus frutos. El equipo de estrategas, también conocido por equipo de asesores, recogió todo lo que cabía en aquella mochila, no había espacio para más. ¿O acaso piensas que Mariano en persona habría recolectado mejor?

Como empresarios hay cosas que nunca podemos perder de vista: quién soy, dónde quiero ir, dónde puedo llegar, hacia dónde se dirigen ellos y dónde esperan los demás que llegue. Es decir, mi plan estratégico. Si tienes en mente el tuyo sabrás reconocer el ajeno.

Obviamente, todo mi apoyo y cariño para cualquier víctima. Ojalá este texto sirva para desenmascarar a los que las utilizan. Aunque una cosa hay que reconocerles, la treta resulta más inteligente y efectiva para acercarse al vulgo que el simple hecho de montarse en bicicleta, quitarse la corbata o descubrir en directo la utilidad de una placa vitrocerámica.

Lamento haber mezclado vidas humanas con marketing estratégico, pero como ellos dirían, «yo no he sido, tan solo soy un reflejo de…»

Imagen por cortesía de Shutterstock.

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