Las 2 oscuras tácticas que los bancos nunca reconocerán

Hay dos oscuras tácticas utilizadas por los bancos, dos tácticas que nunca reconocerán, dos tácticas urdidas por el sistema, modeladas a fuego lento y ejecutadas por esbirros que, seguramente, ni siquiera saben de su existencia. ¿Cómo las conozco? No soy un iluminado ni poseo información privilegiada. Simplemente las he sufrido, y con más frecuencia de la que hubiera deseado. Esto, para mi, las convierte en método.

Érase una vez un bello osito amoroso con unos preciosos y grandes ojos azules que utilizaba en su beneficio. Achuchable como el peluche aquel, aquel que siempre recordarás. Su reluciente pajarita azul a juego y sus insinuantes gestos transmitían honestidad y sincera solidaridad —He ahí tu banco, y ahora vamos contigo.

Gordo como una bola de sebo. Haraposo, lisiado y hambriento. Matarías por un poco de sangre de unicornio con sabor a arándanos. Pero ni siquiera sabes cazar. Eres incapaz de matar. Y así te va —He ahí tú. Una lucha desigual, ¿no crees?

Sé lo que estás pensando. Olvídalo. Ni tu banco ni ningún otro. Ni tu amigo banquero ni ningún currante financiero. Nadie, absolutamente nadie dentro de esas sombrías guaridas es tu amigo. No hay amigos para un emprendedor/empresario dentro de esas cuatro paredes. En el mejor de los casos te encontrarías a un duro negociante enfrente. Insisto, solo en el mejor de los casos.

1) Dar sedal

Un viejo amigo mío solía decirme «yo no hago estudios de mercado, el banco los hace por mi. Si me financian es que no habrá problema». Craso error. A un banco no le importa donde te metes o si tu negocio es o será más o menos rentable. Lo único que le importa es si podrá recuperar el capital prestado más los intereses. En cierta parte es lógico y lícito, si no tuviéramos que sacarles/rescatarles del atolladero cuando la cosa se les va de las manos.

Si tiene garantías suficientes al banco no le importará que caigas por un precipicio. En cualquier caso, para que todo esto ocurra hay ciertos procesos que ineludiblemente deben ponerse en marcha. Entre ellos financiar, asegurar garantías suficientes y ponerse a la cabeza de la fila de acreedores.

Por eso tu idea de negocio siempre les parecerá la leche, previa solicitud de Cirbe (Central de Información de Riesgos del Banco de España, lugar donde recurren las entidades financieras para consultar los niveles de riesgo y morosidad de los interesados en contratar un préstamo), garantías y avales. Si ofreces garantía de cobro, propia o ajena, siempre prestarán el dinero, es lo único que les interesa. Es más, en un tiempo no muy lejano te prestaban dinero aun sin garantía de cobro alguna, incluso llevando el cartel de moroso en la frente. Lo que viene siendo dar sedal cuando huelen la sangre de la presa.

Y cuando te encuentres cansado y sin salida aparente, el banco, tu banco, aquel rechoncho y agradable osito de buenas palabras, endurecerá el semblante y recogerá sedal sin importarle las consecuencias. Rara vez se equivocan, rara vez la garantía no es suficiente. Estamos en época de recoger sedal, pero no te equivoques, todo estaba previsto. Aquel osito de ojos azules y buenas maneras nos engañó a todos y ahora enseña sus garras.

Moraleja(s):

  • (1) No te confíes nunca, aunque te financien. Su negocio es ese, financiar.
  • (2) Minimiza y controla exhaustivamente las garantías, son más importantes que las tarifas. Si llegado el momento no tienen donde cobrar estarán obligados a negociar, de lo contrario te sacarán hasta los calzoncillos/bragas.
  • (3) Si has de pecar en cuanto al capital financiado que sea siempre por exceso, nunca por defecto.
  • (4) Ojo con las tarifas, suelen ser el árbol que no te deja ver el bosque.
  • (5) Ni que decir tiene, pero por si acaso, nunca financies consumo, solo inversiones.

2) Contra las cuerdas

El tiempo es su gran jugada. Cuando necesites financiación y tengas una fecha límite nunca se la digas al banquero/banco. Mi recomendación es que mientas como un bellaco. Declara una fecha que te permita optar por un plan B si el A no sale bien. Si hay una ocasión que justifica la mentira sin duda es esta.

Cuando entras en un banco a pedir financiación no sueles recibir un no por respuesta. Salvo casos muy claros —insisto, hace poco tiempo no había excepciones a esta regla— recibirás un «de acuerdo, pásame por email la información que necesito para estudiar tu caso y te decimos algo». La información que te pedirán es como la lista de políticos amigos de lo ajeno, interminable. Ah, tu puedes enviarles de todo por email, pero ellos nunca te responderán a un email con condiciones o tarifas, te llamarán por teléfono o te lo dirán en persona. ¿Sabes por qué? Pues sí, has acertado. El Gran Hermano todo lo ve, pero rara vez se deja ver.

Dependiendo de la información que les facilites te podrán dar una respuesta en uno u otro sentido, pero lo más probable es que sea ambigua y que el proceso, por una u otra razón se dilate tendiendo a acercarse peligrosamente a la fecha límite. Siempre faltará algún dato, alguna condición o algún comité que deberá aprobar la operación.

¡Y sorpresa! A última hora aparecerá el dato inesperado, la resolución del tipo de riesgos o del cabrón del jefe de zona. Siempre aparece un culpable al que no puedes ver y que no te puede oír mientras juras en hebreo. A última hora alguien exigirá un cambio de condiciones o aportar más o mayores garantías. En ese momento sueltas un improperio y te entran ganas de romper alguna pieza de mobiliario o lanzar el teléfono contra algo o alguien. Pero caes en la cuenta de que la firma es mañana, por la mañana, y no tienes más salida que aceptar la propuesta de tu amigo el banquero o perder tiempo y dinero. Nuevamente te tienen contra las cuerdas.

Otra vez lo han vuelto a hacer. Llevas la flecha clavada en el corazón y juras por lo más sagrado que no volverán a engañarte, que no permitirás que te tomen el pelo ni una vez más. Pero olvidas una cosa. Esta flecha, o alguna de las que llevas en el costado, puede ser la causa de tu muerte. Esperemos que solo sea espoleta de tu resurrección.

Moraleja(s):

  • (1) De cara al banco adelanta la fecha límite entre 15 días y un mes. Miente, ellos también lo hacen.
  • (2) Aun así avísales. Di a tu interlocutor bancario que necesitas una resolución definitiva, tarifas y condiciones por escrito, 15 días antes de la fecha límite (que ya no es la real) para tener margen de maniobra. Que sepan que no te chupas el dedo.
  • (3) Nunca aceptes la primera oferta, la segunda siempre es mejor.
  • (4) Consulta otros bancos, nunca seas fiel a un banco. Y juega tus cartas de manera inteligente, ellos también lo harán.

Ninguna situación es igual a otra, y por supuesto cada banco es diferente y tiene su propio sistema más o menos maquiavélico, dudo que exista uno transparente. Yo no hablo del mundo y sus generalidades, hablo de lo que me sucede a mi, y eso no es discutible. Te puedo asegurar que estas dos situaciones/tácticas/tretas me las he encontrado y las he sufrido en bastantes ocasiones.

Pero cuando el hambre duele no hay miedo que valga. Lisiado, gordo y lento me armo de valor y me olvido de todo, incluso de los injustos lazos que me unían a ti. Esos que me amedrentaban, que me empequeñecían y me hacían depender de tu interesada protección.

De repente lo veo claro. Mi único problema eres tu. Puedo cazar, puedo vivir, incluso sin ti.

Adiós mi querido hermano. Adiós.

Toda la historia, mejor contada que aquí, en el multipremiado corto (9 min.) de Alberto Vázquez: Sangre de Unicornio. Te recomiendo que subas el volumen de tus altavoces y te centres en el corto, todo un bofetón visual y sonoro diferente a todo lo que has visto. Seguro.

Moraleja:

  • Cuando juegan con fuego y maltratan a la gente, los bancos también pueden acabar mal. Vean lo que le ocurre al osito de ojos azules.

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