En la empresa, ¿libertad o plan de ruta?

¿Cómo concibes la vida, con total libertad, o con unas cuantas normas a seguir? ¿Y tu empresa, tus productos, tus servicios? ¿Dispones de amplias gamas adaptadas a cada tipo de cliente predefinido, o bien eres de los que prefiere un producto genérico sin tallas, sin colores, sin versiones? ¿Aconsejas a tus clientes, les guías, les manipulas?

El mundo empresarial que nos atañe en el presente post, y casi me atrevería a decir que la vida en general, la podemos enfrentar desde dos puntos de vista bien diferentes: bien desde la libertad, pensando en nuestro potencial cliente como una persona con capacidad de recepción, análisis y poder de decisión coherentes y sin errores; bien desde el intervencionismo, suponiendo que nuestro cliente, a pesar de poseer las anteriores capacidades, necesita, requiere, agradece cierto nivel de asesoramiento o acompañamiento en su proceso de toma de decisiones.

Visto así es difícil decantarse por uno de los dos enfoques, quizá como consumidor y/o ciudadanos del mundo nos decantaríamos por la libertad, y quizá como empresario por el intervencionismo. Y es probable, como casi siempre, que en el término medio se encuentre el éxito. Y para acabar de liarla os voy a poner dos ejemplos que pueden parecer absurdos pero que me vienen siempre a la cabeza cuando pienso en el posible comportamiento de mis clientes.

En este país tan de café a las 10:30, y a las 12:00, y a las 16:00… seguro que todos conocéis este tipo de azucarillos. 

Azucarillos alargados (Flickr @monebog)
Azucarillos alargados (Flickr @monebog)

Son azucarillos alargados o azucarillos de tubo. Circula un rumor sobre este tipo de azucarillos a todas luces infundado pero que se ha hecho con un puesto destacado dentro de las curiosidades que inundan la red. El inventor de este práctico envoltorio, harto de tanto agitar los clásicos sobres de azúcar antes de agregarlos al café, concibió este nuevo envase que no es necesario agitar. Simplemente sujetando el tubo con ambas manos en posición horizontal sobre la taza de café y presionando hacia abajo con los dos pulgares simultáneamente hasta que este se parta, el azúcar caerá límpiamente sobre el café.

¿No me digas que eres de los que sigue agitando los azucarillos alargados? No te preocupes, somos muchos los que lo hemos hecho durante mucho tiempo. Y precisamente por esto, por el mal uso de sus azucarillos, el inventor del azucarillo de tubo entró en depresión y se suicidó. Hecho este, para nada comprobado, no obstante, el ejemplo resulta tremendamente ilustrativo, quizá hasta exagerado, para nuestro enfoque empresarial basado en la libertad. Tu puedes poner un producto o servicio en el mercado, pero es el usuario el que le da finalmente vida, el que encuentra su finalidad y sentido si es que lo tiene.

Veamos ahora otro ejemplo, el Ford T, un modelo de coche y un hombre, Henry Ford, que cambió el rumbo de la historia automovilística. El Ford T fue el primer coche que pasó de ser concebido de forma artesanal a ser fabricado en cadena, no en vano es uno de los coches más vendidos de la historia.

Ford T "Negro" (Flickr @Biscuit in Pursuit)
Ford T "Negro" (Flickr @Biscuit in Pursuit)

Hay otro hecho por el que se recordará siempre al Ford T, y es la frase que acuñó Henry Ford y que resume su obsesión por abaratar los costes de producción en cadena, y que nos sirve a nosotros para ilustrar un enfoque empresarial intervencionista:

«El cliente puede elegir el color de coche que quiera, siempre y cuando sea negro.»

En este caso, el enfoque guiado lleva a un final de éxito. Podríamos hablar también de la guerra Macintosh-Windows. Hace años Windows ganó la batalla a Mac precisamente por ese enfoque de libertad para el usuario frente al siempre coartado aunque robusto Mac, hoy parece que algo ha vuelto a cambiar.

Quizá después de estos ejemplos y otros muchos varíe vuestro enfoque empresarial, espero que no lo haga el vital, en ese caso debería plantearme elegir ejemplos más adecuados y no tan ornamentales.

Espero verte de nuevo por aquí. Gracias por leerme. Y recuerda, si te ha gustado esta entrada, ¡Compártela!

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